Sunday, February 11, 2007

Cronicas del Averno
Se van ustedes a reír: Pero estoy muerto.

¿Lo ven?, ya se lo advertí; pero es cierto, estoy muerto. Y no de miedo, de risa, o de cansancio, no. Estoy muerto, de muerto. Esto es, que padezco la ausencia de la vida, vamos.

¿Como ha sido? Pues nada, la vida que en el fondo es algo que simplemente viene y así como viene, pues se va.

A mi me gustaría poder contarles, que mi muerte se produjo de forma heroica; salvando vidas, en un horrible incendio, o rescatando rehenes de una sucursal bancaria; rescatándolos de unos hipotéticos atracadores, se entiende; no de la hipoteca de la casa o del auto.

Pero no hay tal: soy tan solo un número más, en la fría e impersonal estadística del volantazo y la vuelta de campana, ya saben: ¡¡¡ UTA ESTO NO ME PUEDE ESTAR PASANDO A MI, DIOS!!! Y ya está, morí, por el peor de los asesinos, un paro cardiaco, el cual me cayo de sorpresa al ir manejando por uno de los mal diseñados periféricos de nuestra hermosa ciudad.

Cambio de planes: adiós, “¿Qué camisa me pongo mañana? están todas en el cesto.” adiós, “Ese Rodríguez estaba grueso, se la mantenía comiendo en la calle, tortas, tacos burritos, en fin puro colesterol y grasas saturadas y todo se resume en “Adiós”.

Hola eternidad.
Mi primer impulso tras abandonar mi cuerpo, y después de un breve instante de estupor contemplándolo ahí abajo, como algo ajeno, fue subir al cielo. Lo normal en estos casos. Miré hacia arriba y vi una cegadora luz blanca; instintivamente me dirigí hacia ella. Y cual fue mi sorpresa al estamparme contra una farola del alumbrado publico. La, que para ser exactos, había frenado el descontrolado volteo de mi auto.

Y no es que mi metamorfosis del mundo de la carne al mundo del espíritu no fuera del todo completa, sino porque la espectral envoltura, es mas sólida de lo que los vivos piensan (esto quiere decir que es puro rollo el que nos convertimos en fantasmitas y cosas por el estilo); el caso es que el golpe fue tal, que caí en un piadoso desvanecimiento. La única percepción de mi espíritu en semejante trance, era la de una interminable caída hacia un abismo insondable…

Como ya habrán ustedes adivinado, ese descenso inacabable me condujo a las entrañas del mismísimo infierno y mi único boleto de entrada era un inmenso dolor de cabeza ocasionado por mi no agradable encuentro con la lámpara; lo cual, por cierto, me produjo una sensación de infinita injusticia; no solo me muero, sino que encima me condeno por accidente y encima sin juicio previo.

Lo primero que vieron mis ojos, al volver a abrirse, fue una deforme masa negruzca, con ojos, cuernos, rabo y algo que se asemejaba a un gran tenedor.

-¿Qui…quien es usted? Fue la temerosa (y hasta cierto punto estúpida) pregunta que salió de mi boca. El diablo, el coco, el chamuco, lucifer, satanás, el viejo del costal (entre tantos nombres que tiene, hasta parece narcotraficante), pues él era el mismo y en persona, el cual puso cara como de haberle preguntado: “¿de qué color es el caballo blanco de Napoleón?”, y acto seguido dijo con voz cavernosa:- las criaturas humanas, nunca dejaran de asombrarme. Siglos y siglos representándome en su imaginación, y todos, sin excepción se sorprenden al verme tal cual. ¡Pues sí! Cuernos, rabo, y tridente. Y Dios es un venerable anciano con túnica y barbas blancas, y ultracatólico hasta los huesos.

¿O qué esperabas? ¿Fuerzas desconocidas e invisibles? ¿El mal, en estado puro y todas esas jaladas? Mira, como el mismo Dios dijo una vez: “Lo que nos vamos a reír el día del juicio final, cuando aparezcamos ahí abajo con las trompetas y toda la parafernalia” Pero no temas; aquí se tortura y todas esas cosas tan atroces que de este lugar han contado, aun así no te lo voy a negar, esto es el infierno.

Pero eso sí, con la verdad por delante, las cosas claras; no como ahí arriba, que no se entienden ni ellos con ese “menage a trois”, que tiene montado el de la barba blanca, su hijo, y el otro tipo, el…Espíritu Santo. Y ahora acompáñame, voy a enseñarte tu nueva casa.

Al decir esto, y darme la espalda, y yo salí corriendo como… bueno, iba a decir: como alma que lleva el Diablo, pero en esta ocasión, afortunadamente, esa no es la expresión más adecuada.

El caso es que corrí y corrí, durante un buen rato, y hubiera seguido aun más, de no ser porque, a la vuelta de una esquina, me tope con un extraño individuo, estampándome contra él.

Desde el suelo, nos examinamos mutuamente. Se trataba de un anciano ataviado a la usanza medieval, y de su cabeza había caído, debido al encontronazo, una reseca corona de laurel, deshojándose en buena parte.

-Usted perdone, buen hombre…aquí tiene su ramo- Me disculpé, azorado, tratando de recomponer torpemente el maltrecho tocado.

-Gracias, caballero- respondió con mucho ceremonial- Acepto vuestras sinceras disculpas; mas en lo tocante a mis laureles, no os mortifiquéis, pues llevan adornando mis sienes, 683 años, 7 meses, y 9 días; razón por la cual es más que natural, el que algunas de sus verdes hojas, tiendan a desprenderse de su tallo... Me lo ciñeron allá, en la muy noble ciudad de Ravena, unas manos amigas, antes de emprender el viaje sin retorno. Mi nombre es Dante, Dante Alighieri.-Concluyo, con una leve inclinación de cabeza.

-¡El autor de la divina comedia!- comenté, profundamente impresionado.

-Ese es el nombre, en efecto, que los siglos dieron a mi obra más inmortal. Doce años, me llevó componerla y darle fin. Doce largos años de mi vida…-

Estuve por decirle, que a mí, casi me había costado otros 12 años leerla, pues a veces sucedía que me atascaba en algún canto, que se convertía para mí en una piedra en el hígado; y solía pasar algún tiempo, hasta que reunía las fuerzas necesarias para continuar; con lo cual, no se quién de los dos haría mayor esfuerzo; si él al escribirlo o un servidor al leerlo. Pero, prudentemente, esto no paso de mi pensamiento a mis labios. En lugar de eso pregunté:

-Y, decidme-ya casi me había contagiado de su modo de hablar- ¿Cómo es posible, que el autor de una obra tan meticulosamente religiosa, haya venido a parar al infierno?-¡Ay! –Suspiró- Ahí estuvo precisamente mi gran pecado, mi joven amigo; en esa meticulosidad con que mi pluma describió, en primer lugar, el infierno y los pecados que en el se purgan, fue tal, que me llevó a crear, sin saberlo, varios pecados que hasta entonces no existían, y que pasaron a formar parte, desde aquel momento, de la humana condición.

-Pero… ¿Y el paraíso?-pregunté- Dios quedaría mas que impresionado, ante semejante muestra de erudición religiosa…

-¿Impresionado decís?-contestó con amargura- Aunque por entonces, yo no tenía conocimiento de ello, el Altísimo es demasiado celoso de su vida privada, con lo cual, podéis imaginaros cual fue su reacción, ante lo que consideró una absoluta vulneración de su intimidad. ¿Sabéis cual fue su respuesta, cuando solicité el perdón para así poder entrar al paraíso?

“Dado que tan bien lo conoces ya, amigo Alighieri, no creo necesario que entréis a verlo.”- Dijo:

-Siempre nos quedará el purgatorio,-contesté yo, tratando de animarle; pero el continuó con su sombría insistencia:

-Y por si estas razones, no hubieran bastado para labrar mi eterna condenación, se da la desafortunada circunstancia, de que mi obra ha sido tomada como modelo a lo largo de los siglos, por todo tipo de poetas y escritores, como ahora los nombran; que, faltos en su mayoría, de ingenio, talento, e inspiración, dieron en plagiar por doquier el modelo de mi obra; echando a pasear por cielos, infiernos o purgatorios, a los mas verosímiles y descabellados personajes; provocando así, las mas disparatadas situaciones literarias. Hasta un punto tal, llega la osadía de algunos de estos poetastros, que los hay que han sido capaces de incluir a mi propia persona, en sus infames obrillas de tres al cuarto.

¿Cabe mayor desfachatez?

-¡Desde luego, hay gente que no tiene vergüenza!-protesté indignadísimo; y temiendo que reanudara de nuevo su monólogo, salpicado de mis breves interrupciones, me despedí de el, dándole unas palmaditas en la espalda a modo de consuelo; y resolví continuar mi camino en busca de una salida.

FIN DE LA PRIMERA PARTE